La Biblia: Mucho mito y poca historia real Por Fernando Guedes de Mello Es una característica del viejo paradigma en teología tratar los llamados libros históricos de la Biblia como si estos fuesen realmente históricos, cuando en verdad son una trama de hechos y mitos. Nada hay más ilusorio que tomar la Biblia como un compendio de historia, tal como la entendemos hoy día. Se trata de una colección de libros escritos a lo largo de 1,000 años, retratando las diversas culturas que concurrieron para la formación de la tradición llamada genéricamente "judeo-cristiana" y que hacen uso de un lenguaje peculiar de la época en que fueron escritos. Para entenderles el significado, se hace indispensable descodificar ese lenguaje para nuestros días. Tomar sus narrativas al pié de la letra introduce distorsiones comprometedoras para su entendimiento y puede conducir al fanatismo religioso. Así es que algunos teólogos más competentes (por ejemplo, Frei Carlos Mesters en su libro Paraíso Terrestre: Saudade o Esperanza) sustentan que el paraíso jamás existió en el pasado, como normalmente se imagina. Según él, se trata de un mundo ideal, pintado por el autor de la narrativa en el Génesis, sin los pecados del mundo que lo rodeaba y proyectado en un pasado mítico. Esta parece ser una tendencia de nosotros los seres humanos: transformar acontecimientos sobresalientes de nuestra historia en narrativas míticas idealizadas. Así surgieron los héroes en todas las mitologías, como cuando hablamos hoy de "los años dorados", de "los años JK" al referirnos a la década de 1950; a "la belle époque" cuando nos remontamos al inicio del siglo XX, o a "la edad de oro", cuando se hizo referencia a los primordios de la raza humana, en las mitologías griega e hindú. Ese ideal de un mundo y de una sociedad perfectos puede ser proyectado tanto no pasado cuanto en el futuro. De la misma forma que hablamos de un "jardín del Edén" o de una "edad de oro" en el pasado, también echamos mano de imágenes como la "Jerusalén celeste", descendiendo sobre la Tierra (Rev.21), a "era de Acuario" o la sociedad comunista igualitaria, todas proyectadas en un futuro próximo o lejano. La doctrina de la caída o del paraíso perdido, en la tradición judaico-cristiana, parece encontrar sus correspondientes en otras tradiciones. En algunas de ellas la caída es vista positivamente (como la Félix culpa en la liturgia del sábado santo de los católicos), una inmersión del alma en condiciones cada vez más densas y difíciles, pero también más desafiantes, a través de los ciclos representados por las edades de oro, plata, bronce y hierro. Todo esto formando parte de nuestro aprendizaje y crecimiento en ese mundo, como la simiente enterrada no sólo para germinar. Otras narrativas bíblicas, como la del Diluvio, también tienen su correspondencia en otras mitologías. En el Bhagavata Purana, por ejemplo, el dios Vishnu asume la forma de un pez con cabeza humana a fin de reencontrar los vedas perdidos durante el diluvio. Habiendo ayudado a Vaisvasvata a escapar con toda su familia en el arca, Vishnu, tomado de piedad por la humanidad débil e ignorante, permaneció con ellos durante algún tiempo. Fue ese dios que los enseñó a construir casas, a cultivar la tierra y a agradecer a la divinidad desconocida, que él representaba por medio de la construcción de templos y de la institución de una adoración regular (cf. H.P. Blavatsky en "Iris sin Velo"). Otro ejemplo viene de las aventuras de Gilgamesh, en que narra su encuentro con Utnapishtim, el Noé babilónico, que construyó una embarcación para escapar del diluvio (cf. Mircea Eliade en el "Mito del Eterno Retorno"). Así, es preciso actuar con la necesaria cautela cuando nos referimos a la "historicidad" de la Biblia. Por ejemplo, la matanza de los inocentes (Mt.2,16-18) no es confirmada por cualquier otra fuente, inclusive los otros evangelios canónicos. Herodes estaba sujeto a la ley romana y tal monstruosidad le habría costado ciertamente la corona y la vida. Según H.P. Blavatsky, citando el Talmud babilónico, se trata de una referencia cifrada a la ida del niño Jesús para Alejandría, junto con los rabinos iniciados, estos sin objeto de persecuciones por parte de Herodes. ¡Una indicación de la estadía de Jesús, en la infancia, junto a los terapeutas! La "historicidad" del Génesis tampoco impidió que en el capítulo 24 el siervo de Abraham le tomase 10 camellos y los hiciese arrodillarse delante de la ciudad de Nacor. Abraham es del siglo XIX a.C. y los camellos sólo fueron domesticados y empleados en caravanas a partir del siglo XIII a.C. (cf. André Chouraqui en su libro sobre el Génesis). Una interpretación menos literal de la Biblia y una valorización de su contenido mítico pueden llevar a un mejor entendimiento de ella y a una mayor aproximación con otras tradiciones espirituales de la humanidad. - El autor es ingeniero, teólogo, practicante de yoga y meditación y autor del libro Reencuentro Cristiano: Reflexiones para el Cristianismo del Tercer Milenio. Su dirección electrónica es mello@task.com.br