Sobre el determinismo A todo sistema que niega al ser humano una potencia psíquica, activa, capaz de determinarse (lo que no significa que sea necesariamente materialista porque negar uno de sus atributos no es negar el alma) se le considera determinista. Hay varias teorías que niegan al ser humano este poder determinativo: Determinismo Fisiológico: Expone que los actos de nuestra voluntad dependen de la constitución orgánica, de nuestro cerebro y nervios, de la herencia, alimentación y otros factores externos. Su voluntad es la consecuencia de todas esas causas. "La necesidad fustiga y la bestia avanza." Se encuentra desacreditado porque reduce lo humano a un pedazo de carne organizada, quitándole toda su grandeza. Determinismo Positivista: Afirma que el proceso psicológico del acto voluntario, desde el estímulo externo o interno de los centros cerebrales hasta la ejecución del acto que se cree libre, no son otra cosa que movimientos mecánicos. La ideación, la volición, etc., tienen su causa y razón en la mecánica molecular y no en la voluntad libre del Yo Espiritual, al que también niega. Interesa desde el punto de vista psicológico pero no penetra en lo íntimo del fenómeno psíquico de la voluntad ni alcanza a su dinámica espiritual que es el sujeto activo y la verdadera causalidad de las determinaciones. Es una psicología positivo-materialista que considera al libre albedrío como una ilusión. Determinismo Psicológico Determinismo Cosmológico: Se basa en que no hay efecto sin causa. Todo está determinado por una causa anterior. Todo movimiento tanto en el mundo físico como en el psíquico y moral está regido por la ley de causalidad. Se afirma, por lo tanto, que el libre albedrío es incompatible con el determinismo universal, con la conservación de energía, con la armonía de la Naturaleza. La voluntad no puede determinarse ella misma porque un efecto no puede producirse sin ninguna causa. El Fatalismo es una de las tantas variedades del determinismo, y tiene también varias vertientes, tales como: El Destino: Formaba el fondo de las culturas griegas y aún constituye la base del islamismo y de las creencias del vulgo. La creencia en un númen ciego, insensible, irresistible e impersonal. Todo está escrito de antemano y no importa como obremos, sucederá siempre lo que tiene que suceder. El Fatalismo Panteístico: Afirma que todo es Dios y que nada hay contingente, que todo cuanto es, tiene necesariamente que ser y, por consiguiente, ningún acto es libre. "Todo lo que Dios hace procede de su naturaleza" y como el ser humano es parte de la naturaleza divina, tiene que querer y hacer lo que Dios quiere. El Fatalismo Teológico: Dice que siendo Dios omnisciente ha previsto todos nuestros actos y lo que Dios prevé sucede necesariamente, cómo y cuando El quiere. Por lo tanto todo lo El quiere es determinante y fatal y, por ende, el libre albedrío es incompatible con eso. Fatalismo Histórico o Determinismo Económico: Síntesis del determinismo materialista que sostiene que el modo de producción de una época, su economía, determina en última instancia en el individuo y en el colectivo, las ideas morales, su manera de obrar, su moral, su ideología, y que el proceso histórico se desarrolla necesaria e inconscientemente sin la intervención de la voluntad humana. El estudio de este sistema corresponde a la sociología. Para el determinismo positivista y fisiológico el espíritu, como sujeto determinativo, no existe, al negar la potencia psíquica determinativa: El Yo espiritual. Este queda reducido a un puro efecto del funcionamiento orgánico, por tanto niega el libre albedrío, que es uno de sus atributos. El determinismo psicológico pretende que para que exista libertad el ser humano debe determinarse sin motivo, sin razón; "querer porque sí", "porque nos da la gana". Esta libertad inmotivada es absurda e inconcebible y no explica qué es lo que se puede querer sin razón y sin motivo. Si bien es cierto que no hay determinación sin motivos y sin razón suficientes, en cambio es un error pretender que son los motivos los que nos determinan; esto sería reducir el espíritu a un autómata, a un ente enteramente pasivo, lo cual está reñido con los datos sobre la conciencia y con la información de la psicopatología ofrece. Los motivos necesitan que la voluntad (que es el alma misma) le dé el valor de preferencia. En el acto voluntario, el motivo de preferencia no se presenta espontáneamente a la conciencia, sino después de una deliberación más o menos penosa o larga y esto constituye prueba de nuestra libertad volitiva. Donde hay elección hay libertad, relativa y condicionada, pero que no deja de ser libertad. Una elección es libre o no es elección. Tales son los principales sistemas deterministas, a lo cuales pudiéramos sumar el fatalismo histórico o determinismo económico que, como una síntesis del determinismo materialista, sostiene que el modo de producción de una época, su economía, determina, en última Instancia, tanto en los individuos como en los pueblos, las ideas morales, su manera de obrar, su moral y su Ideología y que el proceso histórico de la sociedad se desarrolla necesaria e inconscientemente sin la intervención de la voluntad humana. Pero el estudio de este sistema corresponde más bien a la sociología, y que resultaría interesantísimo,. Tanto el Determinismo Fisiológico como el Positivista, parten de una base exclusivamente materialista: niegan la potencia psíquica determinativa, el yo espiritual, reduciéndolo a un puro efecto del funcionamiento orgánico, y es lógico que negando éste, niega también el libre albedrío, que es uno de sus atributos. El primero es el concepto de una escuela fracasada, que ha pasado al archivo de los absurdos científicos después de haber pretendido reducir al hombre a un pedazo de carne organizada, quitándole a la vida humana todo su valor y su grandeza y de haber rebajado la virtud al mismo nivel del vicio. El segundo funda su teoría determinista en el estudio del mecanismo cerebral; estudio muy interesante sin duda desde el punto de vista psicológico, que nos enseña a conocer el funcionamiento de la voluntad a través del proceso nervioso que le sirve de antecedente o consecuente fisiológico, a distinguir los actos y reflejos automáticos, de los actos voluntarios, pero que no penetra en lo íntimo del fenómeno psíquico de la voluntad ni alcanza a su dinámica espiritual, al espíritu, que es el sujeto activo y la verdadera causalidad de las determinaciones. ¿Qué nos puede enseñar la psicología positivo-materialista del trabajo interior de la voluntad, cuando prescinde del espíritu, rechaza los datos de la conciencia y juzga el proceso de la volición por sus exterioridades? La voluntad -según la frase ultra-positivista de Manouvrier- no es más que "una tendencia motriz resultante o predominante: una tensión nerviosa intra-cerebral con dirección centrífuga determinada": como facultad es inconcebible, y el espíritu, como sustancia activa, dotada de energía y poder determinativo, es un absurdo. He aquí cuanto nos enseña está pretendida ciencia positiva del alma y de sus fenómenos. Según sus partidarios, la conciencia nos engaña: el libre arbitrio no es más que una Ilusión, que depende de la falsa creencia de que nosotros nos determinamos, por desconocimiento de las causas que nos determinan. Y para desengañarnos y volvernos a la realidad "positiva" nos citan ejemplos como el de la famosa veleta de Bayle que, suponiéndole capaz de deseos, cree en señalar por sí misma el norte, en el momento que el viento la inclinase hacía ese lado. o la no menos famosa piedra de Spinoza, que deseaba caerse y que en el acto se cae, creyendo que ella es la causa de su caída. Pero ni la veleta ni la piedra, ni ninguna de estas invenciones pseudo- filosóficas tienen deseos, conciencia ni voluntad, ni la comparación tiene analogía alguna con los actos libres del hombre. Parécenos que si la conciencia de nuestra libertad volitiva, la certeza interior que de ella tenemos, no es un argumento científico para probarla, mucho menos lo es el que se funda en un conocimiento incompleto, superficial, que toma los antecedentes causales de la volición, por la verdadera causa psícológ1ca y excluye el espíritu, para no ver en el acto voluntario más que un motivo en conflicto, cuyo triunfo corresponde al más prepotente. Como se ve, por lo expuesto, para el determinismo positivista, el quid del asunto estriba en la negación del espíritu como sujeto determinativo. El Espiritismo presenta pruebas concluyentes de la existencia del espíritu, como entidad consciente, inteligente y volitiva, independiente de su cuerpo somático: pruebas científicas, fundadas en los fenómenos psíquicos supranormales, con los cuales responde a las negaciones del determinismo materialista. Hace algunos años, una de las figuras más destacadas del positivismo contemporáneo, el profesor Ferri, dio una conferencia sobre el tema que nos ocupa, y, para convencer al público sobre la verdad del determinismo, citó el hecho de que a un estudiante libertista que pretendía refutar sus teorías, se le propuso que para probar su libre albedrío debía pasearse desnudo por la ciudad, en pleno día. Y como el joven no aceptase la prueba, deducía nuestro sabio positivista que no era libre. Huelga decir que si el estudiante, venciendo, el motivo de la vergüenza, hubiese aceptado, el profesor Ferri y sus secuaces hubiesen alegado que tampoco era libre, porque, en tal caso, hubiese triunfado el "motivo de contradicción" (calificado por Schopenhauer), pues, de cualquier manera, siempre había un motivo). Los partidarios del Determinismo Psicológico: Pretenden que, para que exista verdadera libertad el hombre debe determinarse sin motivo, sin razón: querer "porque sí", "porque se nos da la gana", como dice cierto filósofo, "querer en seco". Esta libertad inmotivada es absurda e inconcebible, y los mismos que nos hablan de ella no nos han explicado ni explicarán jamás cómo y qué es lo que se puede querer sin motivo y sin razón. Si la determinación consiste en a elección de los motivos, suprimir éstos es negar aquélla. Sin causa y sin razón no hay, pues, acto libre, porque la libertad consiste precisamente en la elección, ya que no es posible querer nada o decidirse por nada, como no es posible igualdad de motivos, porque esto equivale a ausencia de los mismos. El clásico ejemplo de Reíd, que solicitado por un mendigo y teniendo en el bolsillo varias monedas de plata del mismo valor le da una libremente, no prueba nada en favor de la igualdad, pues que el motivo de su decisión no consistía en la elección de las monedas, sino en favorecer al necesitado, y, en cuanto a darle una más bien que otra, se puede suponer tantos motivos como monedas tenía: una por estar más a mano, otra, por ser la última, y la de más allá o la de más acá por ser más brillante, o más opaca o por tener más o menos uso, ya que, en rigor, no hay dos cosas, exactamente iguales. La fábula del asno de Buridan, que murió de hambre por no decidirse entre dos celemines de avena absolutamente semejantes, es una pura ficción, cuyo contenido filosófico -si es que lo tiene- no prueba nada, tampoco, en favor de la igualdad de motivos. Un asno de verdad -aunque fuese neurasténico- ya se las hubiese arreglado con más ingenio y filosofía que el autor de la fábula, comiendo uno y después otro o saboreando alternativamente los dos a un tiempo. Si bien es cierto que no hay determinación sin motivos y sin razón suficiente, es, en cambio, un error pretender que son los motivos los que nos determinan: pues esto seria reducir el espíritu a un autómata. a desempeñar un papel enteramente pasivo, lo que está en contradicción con los datos de la conciencia y con los informes de la psicología experimental y, en especial, de la psicopatología. Y en efecto: en los casos de abulia, no faltan los móviles o motivos, pero falta la voluntad para decidirse, y se entiende que siendo ésta -según el determinismo--la resultante de aquellos no podría faltar. El neurasténico, por su carencia de energía volitiva y nerviosa, es incapaz de determinarse y, sin embargo, la influencia de los móviles que le acosan es aún más intensa que en los sujetos normales. Los móviles no le faltan, y, "si -como dice Gastin- la tesis determinista fuese exacta, él sería el más "deteminado", el más activo, el más volitivo. Pero sucede exactamente lo contrarío". Y eso se debe al estado patológico que inhibe al espíritu para que pueda ejercer normalmente dominio sobre sus móviles y darles su valor de preferencia. ¿Por qué arte oculto o secreto de magia saben los deterministas que son los motivos los que nos determinan y no nosotros los que nos determinamos cuando tenemos motivo y razón para ello? Por mucho que uno escudriñe, no encuentra en el determinismo psicológico fundamento para su afirmación exclusivista. Si se admite el espíritu como sustancia activa-según le consideran los deterministas espiritualistas, desde Leíbnitz acá- no puede subordinársele a la influencia exclusiva de los motivos, ni considerar a éstos como factores potenciales.