Fluído vital y doble etérico Por Ricardo di Bernardi El fluido vital forma una estructura especial en nosotros, forma un "cuerpo" de cierta forma y constituye el llamado cuerpo vital, también conocido como cuerpo etérico. Sus sinónimos son doble etérico, cuerpo etérico, cuerpo vital (kardec), cuerpo pránico, vehículo del prana, cuerpo bioplásmico, cuerpo biocósmico, cuerpo energético y otros. El cuerpo etérico no es lo mismo que periespíritu o cuerpo astral o psicosoma. El cuerpo vital es lo que liga el cuerpo físico al periespíritu. Es una estructura o "cuerpo" intermediario entre el cuerpo material y el periespíritu. Es lo mismo que la bioenergía, lo que es movilizado en las terapias energéticas. Como definición, el "duplo etérico" es un involucro energético, vibratorio, luminoso, vaporoso y provisorio que coexiste estructuralmente con el cuerpo físico y lo circunda. Está ligado a la donación o exteriorización de energías, pues en el duplo etérico es que se sitúan los chacras, o centros de fuerza. La composición de este llamado cuerpo esta constituida por fluido vital, que se origina en el fluido cósmico universal y es absorbido por las moléculas orgánicas confiere el atributo de la vida. Los limites plásticos del cuerpo humano son ultrapasados en cerca de un centímetro por el cuerpo etérico. Su consistencia o textura típica es igual a la de los elementos fluídicos, más densa en los individuos primitivos y más sutil y delicada en los seres humanos espiritualmente más evolucionados. La forma del cuerpo etérico es "humanoide", con gran elasticidad. Es una masa de fluido vital que toma la forma del cuerpo pero sólo mientras ocupa este espacio. Cuando desencarnamos casi toda esta masa de fluidos vuelve hacia el fluido cósmico. Su color es blanco en los espíritus encarnados más sutiles, más opaca en los menos evolucionados. El cuerpo etérico posee regiones de fuerza que captan energía cósmica y la distribuyen hacia el cuerpo físico mediante una reducción vibratoria. También la distribuyen al periespíritu mediante la aceleración vibratoria. Los centros de fuerza están interconectados con los "nadis" o canales que permiten circular las energías. Hay alguna importancia práctica en saber que existen los nadis, pues el pase energético sobre el centro coronario llega al punto del cuerpo donde la energía es necesitada. Sabiendo esto, no hay necesidad de que el pase sea directamente sobre la localidad enferma o desequilibrada. Basta imponer las manos sobre la cabeza (el centro coronario) para que la energía llegue mediante los nadis a donde lo requiere el paciente por los canales. Varios autores espirituales de importancia y credibilidad, entre ellos André Luiz vía Chico Xavier y Joanna de Angelis vía Divaldo Pereira, han hecho referencia al cuerpo etérico. Aparte de la función básica del cuerpo etérico como vehículo, reserva i distribución de nuestra energía vital, éste también produce el ectoplasma, por lo que es parte de la mediumnidad de efectos físicos y de la materialización de los Espíritus. Otras de sus funciones son la exteriorización de energías en los procesos de irradiación, pases magnéticos, etc. a pacientes; la programación del tiempo de vida (el duplo etérico trae en sí la programación del tiempo de vida física del individuo, posee un "quantum" de energía vital); y la fijación del cuerpo astral al cuerpo físico. Una de sus funciones más importantes es la "vitalización" de las formas pensamiento. La mente crea formas pensamiento que se mantienen por lo fluido vital que donamos. Este es el alimento de las formas pensamiento, da vida temporal a estas formas. Las formas-pensamientos (creaciones ideoplásticas) son emanaciones mentales nuestras o de desencarnados que son vivificadas por masas de fluido vital. Entiéndase que el cuerpo etérico no tiene lucidez, no se expresa con pensamientos ni nada similar. No es vehículo de la conciencia ni actúa como vehículo separado, individual, ni está apto para captar información. El cuerpo etérico se desgasta naturalmente durante la vida física, pero puede ser repuesto periódicamente por medio de tipos especiales de respiración. Los vicios, las enfermedades y la obsesión espiritual o "vampirización" energética por espíritus desequilibrados pueden llevar a desgastes más rápidos de la bioenergía. En muchos casos, el suicidio es una indicación de un desgaste súbito. La desarmonía del fluido vital provoca en nosotros dolencias. Si el espíritu habitualmente piensa mal, esto se refleja en la frecuencia de la energía vital. Mediante el periespíritu el cuerpo físico reacciona haciéndose frágil y tornándose susceptible a las dolencias.