El futuro del centro Por Orson Peter Carrara ¿Cuál de los centros vive hoy el dinamismo propio de nuestra doctrina? ¿Cuál es el centro espírita que en su progreso, es coherente con la propuesta de la doctrina y que desenvuelve amplío trabajo de estudio y divulgación doctrinaria, sin olvidar las importantes tareas de ayuda a los necesitados? ¿Qué centro espírita puede ser clasificado como un buen centro espírita a pesar de la imperfección de los hombres que lo dirigen? ¿Cuál centro espírita ha conseguido alcanzar altos índices de armonía en su grupo, representando legítimamente el espíritu? ¿Cuál es el centro espírita que puede merecer la confianza de hombres y Espíritus para el trabajo de propagación de la ética espírita, del estudio de la doctrina y de atención a las diversas carencias humanas? Sabemos todos que la perfección no existe. Un centro espírita puede tener gran calidad en una actividad y estar absolutamente fallo en otra. Un perfil de "casa espírita" puede estar dirigido hacia la ayuda social o presentar fuertes características de estudio y divulgación. Y convengamos que todas las tareas son importantes y necesarias. Difícilmente encontraremos una casa espírita que consiga reunir al mismo tiempo calidad en los estudios, eficiente trabajo de ayuda, amplio programa de divulgación y también mantener perfecta armonía e integración entre sus miembros. Si el centro crece numéricamente, corre el riesgo de decaer en calidad. Si permanece pequeño, no actúa en otros segmentos. Por tanto, y sin duda, cada centro tiene sus características propias, su perfil. Guardadas todas las debidas proporciones y considerados todos los aspectos de particularidades locales y diversidades siempre existentes, volvemos a indagar: ¿Cuál ha sido el centro que creció, se desenvolvió y alcanzó buen nivel para su estructura particular? Es fácil responder. Es aquel que dedicó tiempo en los programas infantiles, aquel que preparó a sus niños, a sus jóvenes, aquel que no olvidó construir su propio futuro. Olvidada la enseñanza espírita, despreciada la vivencia doctrinaria para los niños y jóvenes, se condena la entidad al estancamiento. La continuidad de un centro, la base sólida de su estructura está en la continua transmisión de su filosofía de trabajo, en la formación permanente de nuevos trabajadores y en la integración bien cuidada de la familia espírita. Esto garantiza el futuro, sobre la secuencia natural de generaciones. Olvidada la formación doctrinaria en los niños, se pierde el eslabón de continuidad. Todo niño atendido con cariño y recibiendo la enseñanza espírita desde pequeñito, en el centro, tiende a permanecer o retornar a ella, garantizando su continuidad. Claro que en el correr de los años, muchos acontecimientos influyen en las vidas humanas, pero los verdaderos lazos nunca se pierden. Y mucho más que la vinculación con el centro, queda el objetivo principal cumplido: estudiar, divulgar, vivir la doctrina; para hombres y Espíritus, no importando la edad física en que se encuentren.